Riosa

Riosa es un concejo del Principado de Asturias y la única parroquia de dicho concejo. El concejo está situado en la montaña central asturiana. Limita al norte con Morcín, al este con Mieres, al sur con Lena y Quirós, y al oeste de nuevo con Quirós. Su capital es La Vega, donde se tiene acceso al Angliru.

Según cuenta la tradición, ríos y osos dieron origen al nombre de Riosa. Este sorprendente municipio se encuentra situado en pleno corazón de Asturias, su capital es La Vega, y dista 17 Km de Oviedo, 45 Km de Gijón, 47 Km de Avilés y 40 minutos del aeropuerto de Asturias y de las playas del litoral central asturiano. Forma parte del “Paisaje Protegido de la Sierra del Aramo”; geológicamente, esta sierra ha estado sometida a procesos de erosión que han originado numerosas cuevas, desfiladeros y simas.

La altura máxima de Riosa es el Pico Xistras, 1.775 metros, y la mínima el río Riosa, 300 metros.

Contrastan sus verdes valles con desniveles montañosos imposibles, que se entremezclan con un entorno minero complementado con la ganadería, sobre todo de vacuno

Su superficie es de 45 km2, sin duda la característica principal del concejo de Riosa es su espectacular orografía en la que la altitud oscila desde los 300 metros hasta más de 1.700 metros..

Riosa un «destino turístico diferenciado y de primer orden, que incluye unos restos de minería prehistórica únicos en el mundo, un gran puerto para la práctica ciclista y un marco natural grandioso en plena sierra del Aramo».

Más información

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Los orígenes de Riosa se remontan al neolítico y a las primeras etapas de la edad de los metales como lo demuestran las prehistóricas minas de cobre del Aramo o Texeo conocidas por los lugareños con el nombre de “Teresita”. Todo ello un tesoro de la minería que también incluye el poblado minero de Rioseco construido a finales del siglo XIX y remodelado por los ingleses a principios del siglo XX, muy cerca de la aldea de Llamo.

En 1888 fue Van Straalen, un ingeniero belga, que de forma accidental descubrió las minas, compuestas por una extensa red de galerías y pozos verticales. El análisis de los vestigios encontrados –esqueletos humanos, mazos de piedra, teas, bateas de madera, crisoles, etc.- han permitido datar la explotación al segundo milenio A.C. La abundante existencia de restos humanos hace suponer que también tuvo usos funerarios. Además numerosos castros y restos arqueológicos hacen pensar que fue habitada por un pueblo prerrománico.

En el periodo de la Monarquía asturiana hay noticia de la donación del valle por parte de Ordoño I a San Salvador. Sea como fuere el valle aparece como un dominio feudal de la Iglesia de Oviedo, pertenencia que se mantuvo durante varios siglos.

Cesa este señorío durante el reinado de Felipe II, son finalmente los vecinos quienes adquieren la jurisdicción del concejo de Riosa –con fecha 17 de diciembre de 1579- para constituir municipio independiente. La “Carta de Libertad” es adquirida por la cantidad de 199,721 maravedíes.

Se inició así una nueva etapa, con la localidad de Felguera que en 1880 deja de ser capital en favor de La Vega, capitalidad que se ha mantenido hasta la actualidad.

Con la minería penetraron en el concejo las ideas revolucionarias propias del movimiento obrero. ENSIDESA se hace con las concesiones de la Sociedad Hullera de Riosa. En la década de los sesenta se abre el pozo Monsacro, en el límite entre Riosa y Morcín, cuyo desarrollo influirá notablemente en ambos concejos. En Riosa, la fisonomía del valle se verá alterada en gran medida por la construcción de los barrios obreros de L’Ará y Nijeres, formados por colominas. En el año 1969, el pozo Monsacro pasa a manos de HUNOSA.

La crisis de la minería en Asturias afectó al concejo de Riosa que no pudo evitar una continua pérdida de puestos de trabajo. A pesar de todo, actualmente se mantiene la actividad minera en el Pozo Monsacro y se prevé que en el futuro pueda seguir manteniendo cierta actividad siempre combinada con otras actividades como la tradicional ganadería y el despegue de iniciativas de turismo rural y de ocio en la zona.

Una página importante de la historia de Riosa se ha escrito en relación al ciclismo. La inclusión del Angliru, en varias ediciones de la Vuelta Ciclista a España –la primera en 1999- ha dado a conocer el nombre de Riosa a nivel internacional. El Angliru se ha convertido en el emblema de este municipio.

Más información: Blog Minas de Riosa

CLIMA
El clima de la zona central asturiana se caracteriza por mantener durante todo el año unas temperaturas medias, por lo que cualquier estación es buena para visitar Riosa. Durante el invierno, las excursiones a las cotas más altas sólo se pueden realizar si se va preparado para la nieve. La primavera es especialmente propicia para realizar los itinerarios más duros por sus agradables temperaturas.

VEGETACIÓN
Abunda el arbolado, diseminado o formando montes que ocupan el 35% del territorio. Sería casi imposible enumerar los cientos de especies, la variedad del arbolado, arbustos, setas y flores. Se mezclan en éste mágico concejo las especies de alta montaña con las de los cálidos valles interiores, permitiendo una diversidad asombrosa. En general, la vegetación está dominada por zonas de bosque atlántico. El castaño es la especie arbórea más característica y extendida de su vegetación aunque también destacan los groselleros, avellanos, el abedul, el acebo, el tilo, el haya, el aliso o el tejo, algunas de éstas especies se han resentido debido a la mano del hombre.

FAUNA
Las características geofísicas del terreno propician especies como la liebre, el lobo, el armiño y el “melandru” –tejón-, éstos son algunos de los mamíferos que se pasean por la sierra. El rebeco, se extinguió en el siglo pasado. En las laderas habitan los jabalíes y el corzo, éste más escaso.

Entre las aves de montaña son bastante comunes la chova y piquiroja, el bisbita alpino, la collaba gris. Destacan en las zonas más altas el cernícalo, el alimoche o el buitre. Incluso en las zonas más altas puede verse, en algunas ocasiones, algún áquila. En los numerosos ríos pueden encontrarse aparte de las truchas, mamíferos como las nutrias o las almizcleras.

Por todos es bien conocida la sincera entrega con que los asturianos en general y los riosanos en particular se entregan en los acontecimientos gastronómicos. Los festejos de los pueblos del municipio tienen un ineludible componente gastronómico –cualquier excusa es buena- y no se entiende sin algún producto de la zona. Para esos días hay reservada una comida especial, preparada con mimo en cada hogar para atender a los invitados como es debido.

La cocina de la cuenca del Caudal a la que pertenece este entrañable concejo, es una cocina sencilla y bien hecha, con productos de la huerta, muy abundante en la zona, y con materias primas de excelente calidad. La elaboración responde a las pautas establecidas por la experiencia de generación en generación. Los riosanos son fieles a sus antiguas costumbres en el campo, realizan labores artesanales para la elaboración de los productos típicos. Podemos decir que se trata de una cocina de casa, es lo que se denomina “auténtica cocina casera”.

La cocina del concejo debe enmarcarse en la tradición gastronómica de la Asturias central. Platos fuertes, abundancia de postres caseros, aprovechamiento de la leche, productos de la matanza tradicional, etc. constituyen uno de los grandes atractivos para el viajero que se interne por los verdes valles de Riosa.

Se cocinan muy bien algunos platos fuertes –con sumo cuidado y esmero- como son, el pote, la fabada y los callos, por ejemplo éstos últimos, se encuentran en cualquier establecimiento del concejo a partir de octubre – coincidiendo con las “fiestas del Rosario”- y a lo largo de todo el invierno.

Otras sabrosas viandas que se pueden degustar son los asados de cordero, el cabrito del Aramo, las calderetas de cabrito, el picadillo, los nabos y su inseparable compango (chorizo, morcilla…) y los revueltos de setas. Ya en el terreno de los postres caseros, el que sea “llambión”–glotón- lo va a tener fácil ya que tiene fama la tarta de avellana, los frixuelos, las casadielles, el arroz con leche, los borrachinos

Debe destacarse la conservación del modo tradicional de elaborar el queso Afuega’l pitu en las dos variedades artesanales: el blanco y el rojo del Aramo y el pan, para lo que aún existen algunos hornos de piedra.

Los fines de semana, todos los bares y restaurantes sirven pote de berzas. En estos establecimientos el lujo lo pone su sencilla y sincera comida.

Existían, al igual que en otras partes de Asturias, numerosos cesteros y madreñeros, que elaboraban el tradicional calzado «las madreñas» con madera de abedul y aliso de la zona. El abedul -que los celtas utilizaron para purificar sus casas y lugares sagrados- al parecer, se usaba antiguamente como escoba para barrer la negatividad y el aliso -en nuestras creencias, está vinculado al espíritu guerrero de los clanes celtas-. Según estudios científicos, era ya un árbol común durante el 8000-5000 a.C-. El aliso, árbol mágico que se parece, en el porte, a los coníferos, tiene una utilidad fundamental en la conservación de los márgenes de los ríos, que contribuye a fijar con sus raíces, luchando así contra la erosión. Su madera vale en albarquería. Por su alto poder energético la usaban antes los panaderos en sus hornos como leña.

Desde la más remota antigüedad la artesanía ha sido la fórmula utilizada como expresión del espíritu creativo. Los objetos obtenidos, bien para uso cotidiano, para el adorno personal o el intercambio, han sido siempre valorados y admirados como piezas únicas.

Cuando el viajero llega a una región lo primero que desea hacer es acercarse a la cultura del lugar a través de sus señas de identidad. A la larga lista de reclamos, ya incorporados de manera natural en los recorridos turísticos, hay que sumar la artesanía como un ingrediente fundamental para viajar en el tiempo y conocer el pasado y el presente del lugar que se visita.

En Riosa la artesanía es un arte que se ha mantenido gracias a la iniciativa de personas que ocupan su tiempo libre en la revitalización de los antiguos oficios. Cuero, madera, bolillos o piedra son algunos de los materiales que se trabajan en pequeños “talleres” improvisados de los que salen auténticas obras de arte.

Métodos artesanales fueron, así mismo, los empleados para hacer diversos productos gastronómicos, entre ellos el queso Afuega’l Pitu –que aún se elabora-, la sidra y el pan. Como testimonio de este último y laborioso trabajo mencionado, perduran varios hornos en el concejo.

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