Un peu d’Histoire

Au Ier siècle débuta la construction d’une chaussée romaine qui mettait à profit la présence d’un corridor naturel dans l’ouest de la Péninsule Ibérique et qui avec le temps se transformerait en une des principales voies de communication péninsulaire. Son tracé en plus de connecter certaines des principales villes de la péninsule servit d’élément de diffusion de la culture romaine. Depuis ses débuts, la chaussée s’est dotée d’infrastructures aujourd’hui devenues d’importants vestiges qui la jalonnent.

Après la Via Augusta, la Route Vía de la Plata fut la seconde par son importance dans la Péninsule Ibérique. Elle fut à l’initiative du consul Quintus Servilius Caepio, mais celui qui réellement impulsa sa construction fut l’empereur Auguste. Une œuvre que poursuivit l’empereur Tibère, mais ce furent Trajan et Adrien, empereurs hispaniques, qui lui conférèrent sa forme définitive.

Les biens, les troupes, les marchands et les voyageurs ont circulé à travers elle dans un transit continu qui a favorisé la propagation de la culture romaine, sa langue et ses modes de vie, tout en facilitant le contrôle du territoire nécessaire à l’administration de l’Empire romain.

Cette route a continué d’être utilisée au cours des siècles et a continué à jouer un rôle important dans le réseau de communication de la péninsule ibérique au Moyen Age, au cours des siècles où les musulmans et les chrétiens partageaient le territoire, l’économie et la culture, et par la suite.

La richesse du passé historique de la Ruta Vía de la Plata,dont le nom dérive du balat arabe,«route pavée», est évidente dans les innombrables vestiges qui bordent son itinéraire, qui offre l’un des ensembles les plus intéressants de notre patrimoine historique.

 

Les chaussées romaines

Los romanos construyeron a lo largo de todo el Imperio varios miles de kilómetros de calzadas que formaban una compleja red de comunicación constituida por diversos tipos de vías. La importancia del camino, unida a la geografía de los lugares por los que transitaba determinaron, en cierta medida, el sistema constructivo elegido en cada caso.

Pese a ello, la mayor parte de las calzadas romanas comparte una serie de aspectos comunes. Para su construcción se excavaba el terreno hasta alcanzar un nivel firme que servía de drenaje y asiento de las capas superiores constituidas por tierra y piedras que servían para obtener una estructura sólida. Finalmente, se disponía un empedrado de grandes losas que pavimentaban el camino confiriéndoles su aspecto característico, cuyos vestigios en muchas ocasiones han perdurado hasta nuestros días

Al paso de los caminos romanos a menudo fue necesario realizar otras obras de infraestructura que facilitasen su recorrido por lugares de difícil relieve. En las laderas de las zonas montañosas se levantaron muros laterales de contención o calzos (de donde deriva el nombre de calzada) mientras que en el paso de los arroyos o ríos se construyeron desde pequeñas alcantarillas hasta grandes puentes, algunos de los cuales constituyeron verdaderos alardes de ingeniería, para cuya construcción se utilizaron complejos sistemas de cimbra.

El dominio de las técnicas constructivas en época romana se pone de manifiesto en la construcción de grandes puentes que dos mil años más tarde son grandes monumentos, a la vez que siguen cumpliendo su función original.

Los desplazamientos en la calzada romana

En época romana los desplazamientos de largo recorrido se realizaban en caballerías y en diversos tipos de carruaje

En general, se trataba de vehículos rudimentarios que hacían que los viajes fueran lentos y que fuera preciso realizar numerosas cambios de posta. Por ello, a lo largo de los caminos estaban distribuidos lugares de descanso de diversos tipos. Los más sencillos eran las llamadas mutationes o pequeñas instalaciones destinadas únicamente al descanso y avituallamiento y cambio de caballerías.

Pero también existían otras instalaciones de mayor importancia, denominadas mansiones, que ofrecían al viajero otros servicios y que en muchas ocasiones coincidían con ciudades. En otros casos, el continuo tránsito por el camino hizo que en torno a estas mansiones surgiera también una ciudad.

Para conocer la distancia recorrida y el camino restante hasta el lugar de descanso siguiente los viajeros que transitaban por las calzadas disponían de los llamados miliarios. Estos consistían en hitos de piedra de forma cilíndrica y de grandes dimensiones en los que, además de la información propia de señalizaciones viarias, se recogían otros aspectos relacionados con la calzada como la época de construcción y el nombre del emperador reinante o las reparaciones realizadas en el camino.

El sistema de comunicaciones en el mundo romano alcanzó considerable importancia y llegó a afectar a otros aspectos como la religión, que disponía de deidades menores para proteger a los viajeros y a los caminos. En ocasiones, se colocaban junto a la vía pequeños altares dedicados a estos dioses conocidos como lares viales.

Documents

Liens utiles