Monasterio de la Cartuja

Monasterio de la Cartuja

Con motivo de la celebración de la Exposición Universal de 1992 se restauró la Cartuja de Nuestra Señora de las Cuevas y sus huertas y jardines. Esto permitió recuperar uno de los monasterios más importantes de la ciudad que estaba en una situación de total ruina y abandono.

Historia de la Cartuja

Durante siglos, la Cartuja fue una ciudad amurallada, autosuficiente, en continuo cambio, y estrechamente vinculada a la ciudad. Hoy en día, el conjunto presenta el núcleo monacal y chimeneas y hornos industriales de la época fabril. La naturaleza arcillosa de esta zona y su ubicación estratégica en los márgenes del Guadalquivir, hizo que en esta zona se labraran cuevas para obtener arcilla para los alfares de Triana y se construyeran algunos hornos alfareros. Según la tradición, en uno de ellos se encontró en 1248 la imagen de una Virgen (posiblemente escondida en época musulmana) que recibió el nombre de Virgen de las Cuevas. A finales del siglo XIV los franciscanos levantaron aquí una ermita.

En 1400, el arzobispo, Gonzalo de Mena, con la ayuda del noble Ruy González de Medina, hace que los franciscanos se trasladen al Aljarafe y en la ermita fundó la Cartuja, dotándola de extensas propiedades. Llegaron los cartujos. Estos monjes pertenecen a la orden de San Bruno, quien fundó la primera cartuja en 1084. Debido a la epidemia de 1401 Gonzalo de Mena murió, lo que puso a la Cartuja en una difícil situación, pues Fernando de Antequera (regente durante la infancia de Juan II) se apropió de los fondos que el arzobispo había dejado al monasterio, para financiar sus campañas militares. Entonces el Adelantado Mayor, Per Afán de Ribera asumió el patrocinio del monasterio a cambio de obtener derecho a entierro en el mismo, y con la condición de que sus armas (y no las del arzobispo) presidan el monasterio.

Durante más de cuatro siglos, la Cartuja se convirtió en un centro de gran riqueza y gran patrimonio cultural (debido al legado de Gonzalo de Mena, la ayuda de los Ribera y numerosas donaciones de los nobles de la ciudad, y que disfrutó de exenciones fiscales y privilegios reales). Además contenía un importante patrimonio cultural, con obras de Martínez Montañés, Zurbarán, Durero, Alonso Cano, Alejo Fernández y otros muchos. La vida cotidiana de los cartujos se caracterizaba por la oración, el ayuno y el silencio. Esta la podemos ver reflejada en los cuadros de Zurbarán que se encuentran en el Museo de Bellas Artes de nuestra ciudad.

En el siglo XIX empezó la decadencia de la orden. En 1810, en la Guerra de la Independencia, llegaron los franceses a la ciudad y se instalaron en el monasterio, expoliando el patrimonio cultural y destrozando gran parte del conjunto arquitectónico. Se retiraron los franceses en 1812. Los cartujos volvieron al monasterio tras refugiarse en Portugal. Tuvieron que abandonar el monasterio en 1835. Durante la regencia de Mª Cristina, madre de la Reina Isabel, el ministro liberal de hacienda, Mendizabal, decretó la extinción de las órdenes religiosas. Charles Pickman, hijo de un comerciante de cerámica de Liverpool instalado en Sevilla para importar la producción familiar, instaló una fábrica de porcelana y loza en Sevilla, alquilando en 1838 el monasterio de la Cartuja, y dos años más tarde lo compró. Se construyeron grandes hornos de botellas, importa maquinaria del Reino Unido, y se crea una loza, a la manera inglesa, de calidad y prestigio, que pronto fue la preferida de las clases acomodadas.

En la década de los 70, al ser expropiada el área monumental, se trasladó la fábrica. El recinto fue desalojado en 1982. En 1986 se inicia su restauración con motivo de la Exposición Universal para convertirse en Pabellón Real.

El Monasterio

En los jardines podemos ver un monumento a Cristóbal Colón levantado en 1887 por la marquesa viuda de Pickman. En este monasterio vivió Colón, el cual tuvo amistad con fray Gaspar Gorricio, al que nombra albacea testamentario y consejero espiritual de sus hijos. Toda la familia y descendencia de Colón tuvo una gran relación con el convento. Los restos de Colón fueron depositados en esta Cartuja en 1509 por deseo de su hijo Diego. Treinta años más tarde, se trasladan a la catedral de Santo Domingo. Aquí podemos ver el ombú más famoso de Sevilla, el cual según la tradición, fue plantado por Hernando Colón, hijo del descubridor.

De la visita al monasterio podemos destacar:

  • La Iglesia, realizada en estilo mudéjar.
  • La Capilla de Santa Ana, construida como enterramiento de Cristóbal Colón y su familia, en cuya cripta, aún existente, descansaron sus restos entre 1509 y 1536. En su desaparecido altar estuvo situado el Cristo de la Clemencia de Martínez Montañés, hoy situado en la Catedral de Sevilla.
  • La Sacristía donde estuvieron situados los cuadros realizados por Zurbarán para este monasterio.
  • El Capítulo de monjes: aquí están situados los enterramientos de la familia Ribera, realizados los sepulcros de mármol por los escultores italiano Aprile y Gazzini. Ambos fueron encargados por el hijo de los difuntos, D. Fadrique Enríquez de Ribera.
  • La Capilla de la Magdalena: aquí estuvo situado el sepulcro del fundador, Gonzalo de Mena, actualmente situado en la Catedral de Sevilla.
  • Refectorio