Placa GR

En el collado de Las Cruces, a más de 680 m de altitud la pista accede a la estrecha dorsal en que concluye el largo cordal de Carracedo. Deja un desvío hacia la izquierda que baja a La Estrada y al valle del río Aller, y prosigue con dirección S con un trazado muy semejante al primitivo. Se adapta, en principio, al eje del cordal en constante subida y con una disposición sinuosa, pero a unos 600 m se inclina hacia la ladera oriental, apartándose así de la vía que va recta y algo más alta. Unos centenares de metros más adelante, a unos 1.080 desde el collado de Las Cruces, la pista abandona a mano izquierda un ramal que avanza más rectamente, e inicia una fuerte subida con ayuda de varios zigzags de curvas cerradas que permiten alcanzar los 900 m de altitud, superando el trazado primitivo de la vía que cursa más bajo por la ladera.

Finalizado el tramo de curvas, la pista sigue con una alineación bastante recta y en campo abierto por la parte alta de la ladera y siempre en suave pero constante ascenso. A poco más de 600 m desde la última curva, parten sucesivamente a mano derecha sendos desvíos de menor entidad que se dirigen a la cumbre del pico Ranero. La pista avanza sin cambiar de estilo, atraviesa una pequeña masa boscosa y llega, por último a las praderas del collado de mayéu (majada) Espines, a casi 1.100 de altitud y después de haber recorrido unos 4.600 m desde Las Cruces.

Atraviesa el breve collado, del que parte a la derecha un camino en brusco descenso, y comienza un nuevo repecho por el que supera con un largo zigzag el cerro situado al S de la cabaña de Espines. Volteada la loma llega a una corta plataforma a casi 1.200 m altitud que acoge varias construcciones funerarias megalíticas. Siempre algo por encima de los magros restos conservados de la vía, la pista discurre de nuevo en ligero ascenso, por la ladera NE al borde del eje dorsal y a través de un denso hayedo, para desembocar en La Róbliga, lugar destacado del itinerario a 1.270 m de altura. Supera la punta rocosa mediante un giro de ángulo recto y comienza un largo descenso con curvas pronunciadas por el que debe superar la cadena de lomas que forman un segmento más deprimido del cordal, que acoge al mayéu (majada) Carraceo, previo a la cumbre del pico de Pedro García, que enmarca por el S el horizonte. Alcanza el punto más bajo, menos de 1.147 m de cota, en el primer collado tras unos 1.320 m desde La Róbliga. Después comienza lentamente a ascender rodeando, ora por la izquierda, ora por la derecha, los sucesivos cerretes interpuestos en la lomera y bastante en paralelo al curso de la vía, los restos de cuya estructura se conservan algo más elevados y encajados entre los cerros.

Justo aquí la vía original, hoy difícilmente reconocible, proseguía por el arranque de la dorsal para luego trasladarse hacia la vertiente SO del pico de Pedro García. En cambio, la pista lo hace por la cara septentrional mucho más umbría.

Si se sigue por la pista se avanza en marcado ascenso, sobrepasando de inmediato un cruce que desciende a las cabañas de Carraceo. Tras casi 2 km recobra horizontalidad y continua bastante sinuosa y entre manchas boscosas hasta desembocar, después de un total de 3.200 m al lado de las cabañas del Acíu en la pista que viene de Nembra. Desde aquí es preciso tomar el cruce hacia la derecha por la pista, que es de mayor anchura, y cobra gran desnivel para llegar al collado del Acíu, tras más de 800 de longitud y un centenar de metros más alto.

Si se quiere continuar por la vía original, dado que desde el cruce está cerrada por la vegetación, hay que seguir por la pista anterior unos 460 m y luego salirse hacia la campera que está justo por encima por una traza sin marca topográfica, pero con forma de senda, lo que indica una reutilización posterior debido a la desaparición de la estructura inicial por un gran desprendimiento de la ladera que generó una gran vaguada. Nada más superada se manifiesta una configuración antigua y erosionada que avanza con una pendiente moderada pero constante. En primer lugar realiza un amplio giro que desemboca en una vieja campera. Aunque la continuación del camino se percibe bien desde aquí a lo largo de la ladera, el enlace se realiza por medio de un largo zigzag -primero con una curva hacia la izquierda y luego hacia la derecha- hoy un tanto oculto entre la vegetación que lleva cerca del eje de cumbres. La salida del último giro empalma con la traza bien visible que sigue remontando la ladera hasta llegar al collado del Acíu donde enlaza con la pista minera procedente de Nembra. En total supone un tramo de algo más de 2.500 m una vez que se salió de la pista en el que se pasa de 1.190 m de altitud a casi 1.460 m.

Desde Cochá (Collada) El Acíu, a más de 1.460 m de altitud, entronca con la pista minera que remonta desde Nembra la vertiente allerana. Es una obra ancha y de buen firme construida en los años 1970 y 1971 para facilitar las explotaciones mineras de alta montaña y constituye hoy la única vía transitable que alcanza el puerto. Desde aquí la mayor parte de su trazado reaprovechó el de la primitiva vía romana que, por ello, fue destruida, conservándose pequeños indicios y también algunos tramos de gran interés, pero su difícil tránsito en la actualidad aconseja seguir la pista hasta el puerto de la Cordillera.

Desde El Acíu la pista continua a campo despejado unos 1.500 m con la misma cota por la vertiente S del cordal, conservando a veces restos de la primitiva plataforma por encima del talud, y llega hasta la parte baja del collado de La Cava.

Desde aquí, dejando a la izquierda un ramal a Cuchu Piuyu, se inicia una de las mayores pendientes de todo el recorrido, un tramo de casi 1.100 m de longitud en el que asciende 130 m de desnivel para llegar al Portillo de Buxán, pasando a mitad del trayecto por entre las grandes trincheras de La Cava, unas excavaciones mineras de época romana quizás exploradoras de oro. En Buxán, el camino atraviesa las fortificaciones de El Homón de Faro, unas barreras que cortaban la vía Carisa, probablemente para frenar la invasión islámica. Desde este punto se divisa la totalidad del recorrido distante hasta la divisoria con León en el eje de la Cordillera.

La pista recobra horizontalidad y traza una larga curva por la ladera del Monte Curriechos, donde se localiza uno de los campamentos romanos levantado durante la conquista de Asturias. En plena curva deja atrás el desvío que sube al Portillín de La Boya, y tras otros 1.500 al pie del collado del Tunelón, que recibe el nombre de una galería, hoy tapada, que atraviesa la montaña y por el que pasaba los cables del teleférico que transportaba el carbón de las minas de Escalar hasta el cargadero del ferrocarril. Al pie del tunelón, aunque es posible seguir recto por los restos del trazado original algo más de un centenar de metros hasta entroncar de nuevo con la pista, ésta traza una curva cerrada que con una longitud de 140 m permite ascender una veintena de metros hasta el collado. En este  estrecho collado que comunica los valles de Parana (Lena) y El Rasón (Aller) se obtiene una de las mejores panorámicas de toda la ruta, alcanzando por el O Peña Ubiña y el Aramo y por el E los Picos de Europa.

En el collado se plantean tres salidas, debiendo continuarse por la que realiza la curva más a la derecha y única que sigue por la vertiente occidental. Prosigue despejada a lo largo de la ladera en paulatino ascenso y con suaves curvas que rodean los cerros culminantes de la sierra, conservándose restos de la estructura original. A los 975 m de trazado se acerca al collado de La Cruz de Fuentes, donde se separa a mano izquierda la vía antigua que a partir de aquí cursa a mayor altitud hasta el puerto. Unos metros más adelante deja, también a la izquierda, otro ramal que subía hasta el frente de las minas de Fierros, y comienza un tramo de unos 820 m de longitud y fuerte descenso de un centenar de metros ayudado con tres curvas en zigzag para sortear la explotación minera.

Desde aquí la pista, dominada casi 200 m en altitud por la primitiva vía, realiza un recorrido de 2.900 m hasta la divisoria con la provincia de León, siempre a media ladera y con preponderante horizontalidad, aunque no faltan algunos suaves toboganes, y se adapta a las diversas flexiones generadas por las vaguadas, manteniendo una cota próxima a 1.650 m. A mitad de ese trayecto pasa al pie de las cabañas que forman el mayao de Fierros. En el último segmento, una vez superados los desprendimientos de La Moena, lleva a cabo una bajada de medio centenar de metros para alcanzar el puerto de Collado Propinde.

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