Ruta de la Plata

Imagen Fondo

Historia

Montemolín es un pueblo de historia antigua. Se situaba en la frontera de lusitanos, beturios y tartesos, por lo que recibió influencia de todos estos pueblos. La antigüedad de la villa de Montemolín podemos situarla en la época prerromana, como uno de los lugares habitados en la Beturia céltica. Teniendo como vecinos los lusitanos por el Norte, con los beturios túrdulos por el Este y los tartesos y turdetanos por el Sur, recibirá influencias de todos estos pueblos que se renovarían después con las colonizaciones griegas y fenicias, que llegarían hasta aquí en la búsqueda de yacimientos mineros.

Los primeros asentamientos humanos de los que hay constancia en Montemolín son de época romana, así parecen confirmarlos unas inscripciones encontradas en los aledaños de la localidad. De la época romana se encuentran restos conservados en el Museo Arqueológico de Sevilla y la epigrafía visigótico romana del Museo de Badajoz. Últimamente ha sido descubierta toda una necrópolis romana en una zona del término junto al río Viar, llamada Val de Cuerna. Entre otros objetos romanos existentes en la villa destaca un capitel corintio que sirve de pila de agua bendita en la iglesia parroquial.

En esta época se llamó al lugar Apiaum que quiere decir "tierra de muchas abejas", cuyo nombre conserva hoy algo corrupto el arroyo Viar que, en otro tiempo, se llamó Apiar.

Desde la fase de ocupación romana la investigación centrada en la villa salta hasta el período de dominación islámica pasando por alto la fase visigoda. Pese a que no han sido hallados vestigios arqueológicos pertenecientes a este momento, la continuidad de las comunidades humanas en el territorio sería la pauta dominante frente a los escasos ejemplos de ruptura, el poblamiento se mantendría posiblemente en la zona en época visigoda enlazando sin solución de continuidad con la ocupación musulmana.

El núcleo fue un importante enclave árabe estratégicamente situado en el límite fronterizo entre Andalucía y Extremadura, contando para su defensa con una poderosa alcazaba. En 1212 se reedificó por orden de Aben Juset Mahomat Miramamolín, "Emperador de Marruecos", que con un gran ejército tomó parte en la batalla de las Navas de Tolosa apoyando a los musulmanes de Al-Andalus. Venciendo Miramamolín a los Reyes Don Alfonso VIII de Castilla, Don Pedro de Aragón y Don Sancho de Navarra reconstruyó esta villa poblándola con musulmanes de Mentesa que era un pueblo de Jaén dándole el nombre suyo y el de la patria de éstos, siendo éste finalmente llamado Mentemolïn- "Mente" por el pueblo jienense y "Molín" por el Emperador de Marruecos que acabó denominándose Montemolín.

Es la última posesión que tendrían los árabes en Extremadura, lindante con las tierras de la Campiña Sur y que aún guarda los restos de la que fuera soberbia fortaleza árabe, reconstruida posteriormente por las tropas cristianas de la orden de Santiago.

La importancia de Montemolín durante la época árabe debió ser grande. Baste pensar en al existencia del castillo-alcazaba y de una mezquita que con su alminar ocupa y forma el ábside de la que fue iglesia parroquial hasta el siglo XVI, que hoy lleva el nombre de Ermita de Santiago y la Granada. Sobre esta etapa de la villa no existe documento alguno salvo los vestigios anteriores a la Orden de Santiago.

Montemolín cobra importancia con la construcción en época almohade de un castillo roquero emplazado en una zona a caballo entre los ejes de comunicación que enlazaban Badajoz y Mérida con Córdoba y Sevilla. Su edificación es una estrategia por controlar la tierra cerrando los pasos del sur. Fortificar el territorio se hacía necesario, incluso en zonas emplazadas en la retaguardia, ante las cada vez más osadas incursiones de saqueo y castigo llevadas a cabo por castellanos, leoneses y portugueses por toda esta zona, llegando en ocasiones a penetrar en Al-andalus hasta las mismas puertas de Sevilla.

En el ámbito rural, se construirán numerosos recintos defensivos cuya naturaleza oscilará entre el simple refugio apto sólo para resistir cabalgadas y razzias, y el " hisn" (castillo musulmán de carácter diferente al feudal cristiano) de dimensiones y tipología variada. También encontraremos torres aisladas y atalayas cuya función reside en el control visual del territorio y la transmisión de información mediante almenaras y otros métodos. Son de igual modo destacables, las obras de edificación de recintos militares, cuya única función consiste en el acantonamiento temporal de tropas para el hostigamiento del territorio enemigo, entre ellos cabe destacar el recinto adosado a la alcazaba de Trujillo conocido como Albacar y el sector norte del recinto amurallado de Cáceres.

La batalla de las Navas de Tolosa, acaecida en el año 1212, marca el inicio de la decadencia almohade, el ejército cristiano, que se une a pesar de sus rencillas internas, por castellanos, aragoneses y navarros, esta coalición derrota a las huestes musulmanas con lo que inexorablemente parece iniciarse el ocaso del imperio norteafricano en la Península.

El impulso conquistador definitivo vendrá de la mano de Alfonso IX de León. Éste toma Cáceres en 1227 y Montánchez, Mérida y Badajoz en 1230 entre otras poblaciones. Fernando III sucederá en el trono al monarca Alfonso IX, pero reuniendo ya definitivamente bajo una misma Corona los reinos de Castilla y de León. Poco después de su entronización, continuará el irrefrenable avance hacia el sur; Alange y Hornachos (1234), Magacela (1235) y Zafra (1241), por mencionar algunas villas, caen en sus manos hasta completar en breves años toda la actual comunidad extremeña.

Montemolín, el último bastión arabe en Extremadura, fue conquistada por huestes castellano leonesas en 1246, fruto de un enconado empuje que en breves años llevaría la frontera entre el Islam y la cristiandad desde el Tajo hasta más allá del Guadalquivir.

Las primeras noticias acerca de Montemolín se remontan al período en ostentaba el cargo de Maestre del la Orden de Santiago D. Pelay Pérez Correa ( 1242-1275). Las huestes de la Orden de Santiago toman la villa y fortaleza de Cantillana que posteriormente cambian en 1248 junto con la Iglesia de Sevilla por la villa y castillo de Montemolín.

Habiendo pasado a posesión de esta orden por donación real, al igual que otros pueblos de los alrededores, tales como Reina o Llerena. Montemolín pasó a integrarse a esta institución por virtud de la carta otorgada en Sevilla por Fernando III el 22 de Mayo de 1248, quedando incluida en el Provisorato de Llerena y Vicaría de Santa María de Tudía. Integrándose con categoría de Encomienda, cediendo a Llerena el papel de foco más señalado de la zona, que junto con Reina, había desempeñado antes.

En 1.608 fue enajenada por Felipe III, como gran Maestre de la Orden de Santiago, junto con Almendralejo, Fuente de Cantos, Calzadilla de los Barros, Medina de las Torres y Monesterio bajo el título de Marquesado de Montemolín, a unos banqueros genoveses, como pago de las deudas contraídas con ellos por la corona. Los descendientes de los comerciantes genoveses la poseyeron con el titulo de marquesado.

 

Historia Historia